¿Se puede asegurar el divorcio?

Seguro que alguna vez lo has pensado: estos dos tienen los días contados, no sé por qué se molestan en casarse. Años (o meses después)…. Si ya te lo decía yo, estos tenían el divorcio asegurado. Bromas aparte, sí, puedes suscribir un seguro en caso de divorcio. Así es el mercado asegurador, siempre dispuesto a ofrecer soluciones ante los problemas socioeconómicos que nos acechan.

Qué es un seguro de divorcio

Muchos pensarán: “Ay, si lo hubiera sabido antes”. Lo cierto es que cuando uno se casa no lo hace pensando en cuándo acabará y, por lo tanto, no se plantea qué pasará después. Pero lo cierto es que, económicamente, los divorcios pueden hacer mucho daño, especialmente cuando hay niños de por medio. De hecho, las coberturas del seguro de divorcio están pensadas, precisamente, en ellos.

¿Sabías que en 2017 se producen dos divorcios por cada pareja que se une en matrimonio o en otra forma de pareja legal? Pues si esta cifra te parece exagerada, te diré que en 2010 la proporción de divorcios por casamientos era de 1 a 1.  Estamos a la cabeza de la Unión Europea en lo que a divorcios se refiere.

A pesar de que el seguro de divorcio apareció en 2007 no es muy conocido aún, aunque poco a poco se va haciendo un hueco. Al fin y al cabo, el tema del divorcio no es un tema tabú y, por duro que parezca, plantearse la posibilidad no supone falta de compromiso o amor. Al fin y al cabo ahora hay más divorcios porque es más fácil conseguir la separación legal y porque los roles sociales han evolucionado.

Coberturas de los seguros de divorcio

Las garantías de los seguros de divorcio son de tipo económico. Poco más se puede hacer. Su objetivo es reducir el riesgo de pérdidas financieras significativas tras la separación. En este sentido, el seguro de divorcio cubre, por una parte, los gastos que generan los trámites durante el proceso de separación y, por otra, los gastos derivados del divorcio en sí.

Por otra parte, en el caso de que la custodia de los hijos no sea compartida, el seguro también cubre la pensión alimenticia en caso de incapacidad temporal o desempleo, hasta la edad que se pacte. En algunos casos el seguro también puede tener cobertura de fallecimiento para el progenitor que pague la pensión.

¿Son muy caros los seguros de divorcio?

Hemos visto la gran cantidad de divorcios que hay en la actualidad, cifra que ha crecido exponencialmente en los últimos años. Esto significa solo una cosa: alto riego. Y cuando el riesgo el alto, las primas van acordes a él.

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Ahorrar para la jubilación, aunque seas joven

Empezar a ahorrar para la jubilación no es cruzar la barrera que separa la juventud de lo que venga después. De hecho, cuanto antes empieces a ahorrar para la jubilación, mejor, porque lo que haya “en la saca” para cuando tú llegues o cómo se vaya a repartir es algo que no está muy claro. Sin embargo, la gente joven en este país lleva muy mal lo de planificar la jubilación. Es algo que queda tan lejos…

Pues precisamente por eso, porque queda muy lejos (con lo que tienes mucho tiempo para ahorrar) y porque no sabes con lo que te vas a encontrar, deberías empezar a trazar un plan.
Pensar en la jubilación no es lo mismo que suscribir un plan de pensiones.
Hay muchas opciones para ahorrar de cara a la jubilación. Los planes de pensiones o los planes de previsión asegurados son, tradicionalmente, los productos de ahorro para la jubilación más populares , pero no son los únicos. Hay otras opciones pensadas para la jubilación, pero también hay productos de ahorro a medio y largo plazo igualmente interesantes. Lo importante es analizar las opciones y buscar la que más se adecue a las circunstancias personales de cada uno.
¿Por qué la mayoría de jóvenes ignoran la necesidad de ahorrar para la jubilación?
La precariedad laboral, los sueldos bajos, la baja capacidad de ahorro o la perspectiva de no poder recuperar el dinero ahorrado en caso de necesidad son los principales motivos que hacen que la gente en general, y los jóvenes en particular, hagan oídos sordos cuando surge el tema. “Todavía es pronto”, “hay tiempo de sobra”, “eso son cosas de viejos”, “bastante tengo con llegar a fin de mes”, “ya tendré tiempo para escaseces, ahora voy a disfrutar de mi juventud” o “tiraré con lo que me quede, a ver qué remedio” son formas habituales de eludir el tema, como si no pensando en ello el problema no existiera.
Sin embargo, tener mucho tiempo por delante es una buena noticia en lo que se refiere a ahorrar para la jubilación porque, elijas la opción que elijas, ahorrando una pequeña cantidad al mes o al año, incluso con una rentabilidad anual baja, puedes conseguir ahorrar una cantidad interesante que te ayudará a afrontar la jubilación, ya sea complementando la pensión pública, ya sea para afrontar algún gasto extraordinario e inesperado.
Una solución es buscar un producto a medio plazo que puedas ampliar y que puedas paralizar en cualquier momento sin penalización es una buena opción para la gente joven. Siempre puedes recuperar el dinero años más tarde e invertirlo en un producto más interesante, si te interesa. Lo que sí que es seguro es que si no haces nada no tendrás nada. Precisamente porque no sabes qué es lo que va a pasar es por lo que deberías empezar a pensar en tener un colchón económico, por si las moscas.

Cómo calcular el capital asegurado en un seguro de vida

Contratar un seguro de vida te permite ganar en tranquilidad. ¿Qué le pasará a las personas que dependen total o parcialmente de ti si tú faltases? Es más, ¿qué pasaría contigo y con tu familia si sufrieras un accidente o una enfermedad que te imposibilitara seguir trabajando y que, además, implicara un aumento sustancial de los gastos derivados tus cuidados?

Hemos justificado muchas veces la importancia de tener un seguro de vida. Sin embargo, hay un tema que requiere especial atención, y es el siguiente: ¿Qué capital debería asegurar? No cabe duda que la prima aumenta sustancialmente a medida que aumenta el capital asegurado. Sin embargo, si lo que quieres es dar solución al problema económico que se plantearía en los casos mencionados hay algo que no puedes obviar, y es hacer un cálculo aproximado de lo que necesitaría tu familia (o tú mismo, en caso de invalidez total si decides contratar también esa cobertura) para salir adelante.

Calcular las necesidades económicas futuras no es fácil

Calcular las necesidades económicas del futuro es algo complicado de hacer. Pero tampoco es necesario ser muy exacto en este cálculo. Lo importante aquí es aclarar con qué capital tu familia podría salir adelante. Si eres joven, tu pareja depende total o parcialmente de tu salario, tienes hijos pequeños es probable que te quedes corto asegurando 50.000 euros. La cosa se puede complicar si tienes deudas sin asegurar (hipoteca, créditos, etc.) y/o tu base de cotización augura una pensión de viudedad y de orfandad no muy generosa.

Es recomendable tener en cuenta los siguientes puntos para calcular un capital asegurado suficiente en los seguros de vida:

1. – Salario: Tu tren vida se basa en tu salario actual. Los expertos recomiendan multiplicar por cinco el salario anual neto para calcular el capital que deberías asegurar en tu seguro de vida. Dicen que cinco año es el plazo mínimo aconsejable para que las personas que dependen de ti se adapten a la nueva situación y recalculen los gastos familiares. Si la prima del seguro cubre esos cinco años a tu familia le costará menos adaptarse. En este punto cabe destacar que si en la familia hay dos personas trabajando sería recomendable hacer dos pólizas, una para cada uno.

2. – Hipoteca y otros préstamos: Si tienes préstamos e hipoteca es muy recomendable que cuentes con lo que queda por pagar en el capital asegurado, a no ser que tengas un seguro concreto contratado para ello.

3. – Familia: Es importante tener en cuenta el número de hijos y su formación futura, especialmente pensando en los estudios postobligatorios. Suele recomendarse calcular los costes educativos de los hijos hasta los 25 años, de forma que no tengan que renunciar a sus estudios y formación por falta de dinero.

4.- Gastos varios: Sufrir un accidente que te dejes incapaz para trabajar o fallecer puede suponer unos gastos extras para tu familia que deberías también tener en cuenta. Estos gastos pueden ser muy variados, como los derivados de la atención médica y adaptación del hogar o del sepelio, así como ayuda doméstica extra para afrontar la nueva situación.

WannaCry, el detonador de un negocio casi en pañales: los ciberseguros

La posibilidad de sufrir un incendio en una empresa no supera el 1 %. En cambio, una empresa española se enfrenta a una media anual de 100 ataques informáticos, de mayor o menor virulencia. Mientras, resulta complicado encontrar empresas capaces de abrir al público sin contratar un seguro de incendios. Eso sí, son raras las que han suscrito un ciberseguro para protegerse de los ataques de hackers, virus, etc.

A pesar de que este tipo de cobertura de riesgos informáticos tiene registros desde hace 20 años, su volumen actual es apenas una gota en el océano del voluminoso mercado de seguros mundial. Según los datos que maneja el sector, estamos ante un mercado que apenas mueve 3.000 millones anuales en todo el mundo, y el 90% del negocio procede de EEUU. Lo que es casi como decir que fuera del país de las barras y estrellas apenas existe. Pero esta situación parece tener los días contados.

El Financial Times ha identificado el 2017 como el año la explosión de los ciberseguros. Los motivos, como veremos, son variados, pero todo apunta a que WannaCry, el famoso gusano informático que paralizó más de 200.000 empresas en 150 países hace una semana, ha servido como catalalizador.

Lo cierto es que WannaCry no tiene nada de particular desde el punto de vista técnico. Es un virus del tipo ransomware que se cuela en un ordenador, lo bloquea, se extiende por la red a la que está conectado y solicita a sus usuarios el pago de un rescate para recuperar el acceso a la información. Miles de empresas sufren ataques similares a este desde hace años. Solo en España, el Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe), detectó 115.000 ataques informáticos, un 130% más que el año anterior. Esta estadística sitúa a España como tercer país más ciberatacado del mundo, sólo por detrás de EEUU y Reino Unido.

Y esto es solo la punta de iceberg de lo que puede estar pasando. Ya que, en contra de lo ocurrido con WannaCry, la publicidad y la información no van ligadas a este tipo de incidentes. Las empresas son muy reticentes a reconocer que han sido víctimas de algún tipo de delito informático. Ya sea robo de datos de clientes, pérdida de documentos o secuestros por parte de algún ransomware. En este caso, prefieren pagar los entre 300 y 1.200 euros que los ciberdelincuentes demandan como rescate de los datos antes de sufrir el escarnio público que implica reconocer que, como en el caso del pasado viernes, la puerta de entrada del virus se debía a una deficiente actualización de los softwares manejados.

De hecho, lo que puede convertir a WannaCry en el detonante de esa posible fiebre por los ciberseguros es que el virus fue masivo (afectó a 200.000 ordenadores en 150 países) y, sobre todo, fue mediático. Lo suficiente como para que muchos empresarios pensaran “si le ha pasado a Telefónica, mi empresa también puede estar en riesgo”,

Para los que todavía tengan dudas, será el imperativo legal lo que, con mucha probabilidad, les hará cambiar de opinión. El hecho de que el 90% de las actuales coberturas de ciberseguros procedan de EEUU, no es casual. Allí, la ley obliga a las empresas a asumir responsabilidades por la custodia de los datos privados de sus clientes e informar de los posibles ataques informáticos que puedan sufrir.

Obligaciones similares comenzarán a implantarse en Europa a partir del 25 de mayo 2018, fecha en la que está previsto que comience a aplicarse el Reglamento General de Protección de Datos en territorio de la Unión Europea. Entre otras cosas, esa normativa impone la posibilidad de multar con hasta 20 millones de euros o más del 4% de la facturación a las compañías que no cumplan con los requisitos de seguridad cibernética exigidos.

La presión legal sigue dando vueltas de tuerca también en EEUU. Por ejemplo, las autoridades de Nueva York competentes en este tema están presionando para que todos los organismos financieros informen de cualquier incidente al regulador de los mercados. Ni que decir tiene el impacto que esto puede provocar en las cotizaciones bursátiles de los afectados.

En base a estas proyecciones, la aseguradora Allianz estima que para 2025, el volumen anual del ciberseguro puede crecer hasta los 20.000 millones de dólares. Pero esa evolución no parce que vaya a ser muy fácil.

Según reconoce un estudio elaborado por La Asociación de Ginebra, en un “think tank” participado por las principales compañías del sector asegurador, el mercado del ciberseguro es pequeño y con carencias importantes. En EEUU apenas 50 compañías lo ofrecen. En España, según informaciones publicadas en Hoja de Router, apenas tres o cuatro compañías ofrecen pólizas para Internet, o para pérdidas de datos… etc.

Escasos avances, pese a los 20 años de historia

Las primeras pólizas relacionadas con la seguridad cibernética aparecieron en EEUU a finales de la década de los noventa del siglo pasado. Los riesgos que se cubrieron en aquel momento eran variados, adaptados a cada asegurado. Desde el que contrataba pólizas para cubrirse de cualquier perdida derivada de sustracción, extravío de ordenadores personales, hasta los que cubrían posibles errores derivados de una mala gestión interna del tratamiento de datos. En realidad, ni aseguradoras ni clientes sabían muy bien qué era aquello que estaban firmando en cuánto valorar los riesgos y hasta qué punto las primas cubrían las posibles pérdidas ocasionadas. Lo cierto es que la situación no ha evolucionado mucho en este aspecto.

El cambio de milenio aceleró las conexiones a Internet en todo el planeta. Y junto a ellas también crecieron los ciberdelincuentes. Las extorsiones y el robo de datos se fueron generalizando. Comenzaron los primeros experimentos con monedas virtuales.

Pero fue a partir de 2010 cuando todos estos riesgos traspasaron la frontera de lo que podrían considerarse empresas tecnológicas o vinculadas a los últimos avances de Internet y se colaron en lo que los estadounidenses denominan Main Street. Es decir, vida más cotidiana de los individuos. En los últimos años, tal y como reflejan las estadísticas antes mencionadas, el incremento de delitos cibernéticos está siendo exponencial. Entre los casos más sonados están el ciberataque sufrido por en banco JPMorgan en 2014, según el cual los piratas informáticos tuvieron acceso a datos de 76 millones de hogares. Home Depot, Target, EBay; son algunos de los pocos casos que han salido a la luz. En realidad, son las pequeñas empresas, tal vez, las más afectadas. Entre los casos más famosos están el de web de citas Ashley Madison, que en 2016 sufrió un robo masivo de los datos de sus clientes.

La variedad de ataques, las circunstancias en que se producen, el impacto que causan es tan diverso, que el sector asegurador todavía no ha sido capaz de diseñar productos estándar como puedan ser las pólizas de incendios, vehículos, e incluso las de hogar.

Los ciberseguros ni siquiera cuentan con una terminología común

La Asociación de Ginebra, reconoce en su estudio que este es uno de los principales hándicaps que tiene por delante el sector. Superarlo no es fácil.

El primer escollo al que se enfrenta es la falta de datos creíbles. Como hemos comentado anteriormente, la reticencia de muchas compañías a informar sobre sus ataques hace que estemos ante un mercado cuyo volumen real de riesgo es una gran incógnita. Nada que ver con lo que ocurre con otro tipo de seguros como son los coches, que nada más tener un incidente se da parte a las compañías aseguradora.

Ante esa escasez de datos, también ha impedido que durante estos años se conformen bases de datos con suficiente recorrido histórico. Esa herramienta que los actuarios habitualmente manejan para calcular riesgos y cuantía de primas.

Como no podía ser de otra forma en un mundo en continuo cambio como es este, otro gran problema al que se tiene que enfrentar el ciberseguro es la variedad de productos y cobertura que demandan los usuarios o las que tratan de ofrecer las compañías. Según la Asociación de Ginebra esta falta de estandarización de pólizas encarece necesariamente los ciberseguros que en muchos casos tienden a la personalización en función de las necesidades de cada compañía y el nivel de riesgo al que puede estar expuesta.

Esta dificultad para definir un modelo de contrato más o menos estandarizado deriva en futuras tensiones. Aseguradora y clientes no siempre tienen claro el alcance de lo que están asegurando. Y lo que es peor, cada uno de ellos considera que está hablando de cosas diferentes. Inevitablemente, esto deriva en una litigiosidad jurídica en aumento, como se está viendo en el mercado estadounidense.

Para avanzar en todos estos problemas, la Asociación de Ginebra propone “que la industria del seguro en su conjunto trabaje de manera conjunta en la puesta en común de todos los datos que dispone cada compañía para definir de forma más eficiente el escenario de riesgos”.

Además, insisten en este “Think Tank” que es necesario trabajar en la creación de la unificación de conceptos para la creación de ciberseguros, desde un vocabulario común hasta la definición de un código de buenas prácticas. Para empezar, dicen desde Suiza, “debería comenzarse con la realización de un esquema común de clasificación de riesgos”. Porque el ciberriesgo ya no es solo una cuestión de informáticos, entidades financieras o empresas de bases de datos. El resto de la industria del seguro se va a ver afectada, aunque ahora pocos quieran verlo. Y es que, en pleno 2017 todavía nadie es capaz de valorar con exactitud el impacto que puede tener la creciente industria del Internet de las Cosas. ¿Cuál debe ser la prima de un seguro que cubra una vivienda con sus principales servicios conectados a la red? ¿Y el de un coche susceptible de ser hackeado a través de su red wifi?